La historia de la televisión registra la llegada de un nuevo y entrañable personaje: Lucho, el trabajador humilde y reconocido como embolador que se convirtió en concejal de la ciudad de Bogotá a pesar de muchas dificultades.

Esta es la historia central de ‘La Gloria de Lucho‘, la nueva producción del canal Caracol que retrata la vida del exconcejal Luis Eduardo Díaz.

Enrique Carriazo (Doctor Mata) y Verónica Orozco (Anónima), son los principales rostros de esta historia que llega a la franja más vista de la televisión en el canal Caracol.

Enrique Carriazo es el actor que quiso asumir este personaje y contó que “está basada en algunos aspectos públicos de la vida de Luis Eduardo; una visión sobre la realidad”. Por su parte, Veronica Orozco explicó que “se inspira en una familia que nos enseña que son muy unidos y que le apostaron al amor”.

La producción busca explicar cuáles son las motivaciones profundas del exconcejal, un hombre que quería insertarse en la sociedad y que tuvo que pasar muchas situaciones difíciles en compañía de Gloria, una mujer guerrera que se convirtió en el eje de la vida de Lucho.

Personajes

Enrique Carriazo es Lucho Díaz

Luis Eduardo Díaz, fue el último de los hijos de Gonzalo y Mireya, un matrimonio pobre y sin amor.

En contradicción a la dureza de su padre con sus hijos y su esposa, Lucho siempre fue grande de corazón, solidario, leal y sobre todo, frentero.

La relación con su padre siempre fue difícil, un hombre egoísta y que nunca le demostró afecto. Ni siquiera cuando Lucho sacó las mejores notas del salón. Con tan solo unos meses de haber ingresado al colegio, su padre no tuvo palabras de ánimo para él, solo se burlaba de sus sueños de ser abogado y le reclamaba por no salir a trabajar con su madre y ganarse el plato de comida diario. Lo único bueno que sacó Lucho de su experiencia en el colegio, además de aprender a sumar y restar, leer y escribir, fue su amistad con Rubén, un niño un poco menor, pero con el que la amistad surgió naturalmente.

A 10 años, Lucho escoge la soledad y rudeza de la calle a estar bajo el mismo techo de su papá. Pero la vida en la calle sacó lo mejor de Lucho: arriesgado, sincero y trabajador, no solo no sucumbió a los peligros a los que se enfrentaba en ese mundo, sino que sobrevivió con gracia, y consiguiendo amigos que realmente lo apreciaron, como el viejo Arnoldo, su mentor y reemplazo paterno.

Lucho ha sido siempre un enamorado y soñador. Sabe que Dios no lo premió con belleza y buena dentadura, pero sí con «chispa para ganarse amigos» y «pepa» con las que se ha ganado enemigos. Las dos, cualidades inseparables para alcanzar sus dos grandes conquistas: el amor y el poder.

Verónica Orozco es Gloria Vargas

Hay quienes dicen que a algunas personas las hicieron y luego botaron el molde. Gloria podría ser una de ellas. Una mujer hermosa, de cabello lacio y ojos miel. Acuerpada y “bastantona”, como diría Lucho. Apenas un cuerpo grande podría abrigar un corazón tan noble como el que ella tiene.

Es alegre cuando se debe y se necesita, pero si toca tomar el mando también sabe apretar las tuercas. No tiene remilgos para nada, pero le gusta estar siempre bien plantada, verse organizada y peinada. Es intuitiva y protectora.

Su ley en la vida ha sido mantener y velar por la unidad de su hogar, incluso a costa de sus propios dolores y frustraciones. Es una mujer que le gusta tener todo organizado y organizar a los demás, sobre todo a Lucho del que ama su bondad, pero también tiene que enseñarle que la mayoría de la gente no es tan noble como él.

Edgardo Román es Gonzalo Díaz

Gonzalo es un tipo de emociones precarias, básicas, que siendo víctima del maltrato que recibió en su casa, salió a vivir por sí mismo reproduciendo esa violencia de la que estuvo rodeado, sometido a hacer lo que la vida le pusiera a hacer sin cuestionamientos de ninguna clase. Esta incapacidad para reflexionar o elaborar racionalmente sobre sí mismo, hacen de Gonzalo un hombre intransigente, duro, incapaz de reconocer sus debilidades y de tener compasión. Todo esto define a Gonzalo como un mal padre.

Nunca afectuoso ni cariñoso, para él sus hijos son más un estorbo por quienes tiene que trabajar vendiendo lotería. Aunque se la pasa más en la tienda bebiendo cerveza con los compadres que vendiendo billetes, gastando lo poco que puede conseguir, sin importarle si en su casa hay o no algo para comer.

Gonzalo es todo lo que Lucho quiere evitar, es su ejemplo de cómo no ser padre, de cómo no ser esposo, y Lucho sufre cuando siente que en algo se está pareciendo a su padre, sobre todo cuando descubre su propio agrado por el licor.

Juliana Velásquez es Leidy Díaz Vargas

Familiar, metelona, frentera, rumbera y extrovertida, se ha encargado de ser la chispa de la familia. Es tan frentera que termina siendo imprudente. Muy pegada a sus padres desde pequeña y fiel a la causa de su madre de mantener la defensa y unión familiar.

Con Marcela, su hermana, mantiene una relación muy estrecha, aunque Marcela se siente más inteligente y le echa una que otra puya por ser “muy mimada”, porque Leidy no sale a la calle a trabajar, pero es la que se encarga de mantener la casa limpia y la ropa de todos lavada y planchada.

A Leidy le molesta esa actitud de Marcela, pero ¡ay del que se meta a molestar a su hermana! Leidy se ha apropiado voluntariamente de la labor de defenderla de todo el que pretenda burlarse de sus cicatrices.

Luis Eduardo Arango es Everardo Porras

Everardo es un viejo conocido para muchos inquilinos en el barrio, a quien algunos le deben y todos respetan por ser dueño de un número considerable de casas y lotes en la zona.

Es un hombre oportunista, recursivo, rebuscador, que se las ingenia para sacar provecho de cualquier situación, siempre pensando primero, y casi exclusivamente, en sus intereses personales por encima de cualquier otra cosa.

Es el candidato perfecto para meterse en política, pues sabe como nadie lo que es trabajar para otros, pero cuidando por encima de todo su propio pellejo.

Everardo es de los que dice una cosa, pero hace otra, siempre pensando en su beneficio propio; de los que miden a las personas según la utilidad que le representen, más que por algún valor sentimental. En definitiva, es lo que se conoce como un viejo zorro a la hora de hacer negocios, o de hacer lo que sea necesario para salir bien librado de cada situación en la que pueda correr algún tipo de riesgo.

Laura Torres es Marcela Díaz Vargas

La hija mayor de Lucho que un día le dijo: «Papá, yo no quiero que me rechacen más cuando voy a conseguir trabajo, ni sirvo para tener de jefe a nadie, ayúdeme con un carrito de dulces, yo me consigo mi esquina y me gano la vida». Y así lo hizo, y desde entonces no ha desfallecido un solo día.

Así es Marcela, comprometida, de carácter fuerte, independiente y, aunque muy reservada, quizás es la más inteligente de todos ellos. En los momentos de mayor crisis ha sido el último bastión del equipo, encontrando siempre soluciones y las palabras sabias para seguir adelante.

Quizás su infortunado accidente le hizo ver con mayor claridad la vida. Día horrible y tormentoso en el que la pequeña, de tan solo año y medio, se vio envuelta en llamas. Gloria y Lucho guardan una eterna culpa por lo que sucedió, pero jamás la han descuidado, siempre la defendieron de cualquiera que intentara hacerla sentir mal, al igual que Leidy, su hermana menor.

Todos acuden a ella para pedirle consejo. Incluso su madre, la más echada para adelante, y su papá, que a veces como un niño pequeño, cuando no sabe dónde meter la cabeza, corre a su lado para que le ayude y sobre todo les dé ese amor tan grande que sólo puede tener el corazón de Marcela.

Carolina Vivas es Mireya Gaitán

Menuda y de voz suave, Mireya fue una mujer que, aunque siempre tuvo cariño para sus hijos, nunca pudo sobreponerse al carácter dominante de su esposo Gonzalo.

Su labor como madre y ama de casa, la combinaba con la de recicladora, fue ella la que le enseñó a Lucho cómo hacer ese trabajo, con dignidad, orgullo y entereza. Ella y Lucho salían todas las mañanas a trabajar juntos, de ahí que Mireya haya tenido por él un interés especial por encima de sus otros hijos.

Natalia Giraldo es Rosalba Vargas

Madre de tres hijos, Gloria, James y Hermes, es una mujer trabajadora y responsable, aunque algunos vecinos que la conocen dirán que lo que es, es muy amargada.

Su experiencia con los hombres le ha hecho creer que ninguno vale la pena y que es mejor estar sola que mal acompañada. Sin embargo, la soledad y la realidad de mantener sin ayuda a sus hijos, la sacuden con frecuencia y Rosalba sueña entonces con un hombre que la acompañe y la quiera.

Ella ha depositado en Gloria todas sus esperanzas de una vida mejor, la apoya en su deseo de estudiar, para que, al contrario de ella, sea alguien en la vida y a lo mejor pueda descansar de tanto trabajo y tener una vejez más tranquila.

Según Rosalba, las mujeres tienen que atender a los hombres y es obligación de Gloria hacerlo con ellos, y de paso, mantenerle la casa como una “tacita de té”, porque el plato de comida y el techo no son gratis.

Carlos Camacho es Rubén Murcia

Amigo entrañable de Lucho. Es un tipo sencillo, leal y honesto, que a veces recibe menos de lo que da, pero a quien la vida le ha enseñado a acomodarse a las circunstancias.

Conoció a Lucho desde su infancia, cuando este vivía en condiciones precarias y en cambio a Rubén no le faltaba nada debido al apoyo que siempre tuvo de su padre, don Misael Murcia, dueño entre otras cosas de la tienda del barrio que quedó a cargo de Rubén luego de la muerte trágica de este y de su esposa, la madre de Rubén, después de un secuestro.

Rubén es maleable, su carácter es débil y vive con la noción de que personas como él están más para ayudar a causas de otros, que para luchar por las propias sin importar qué implicaciones pueda traer esto.

Si la vida fuera una película, Rubén sería de esos actores que se conformaron a cumplir el rol de personaje secundario en la historia de otros. Es una persona que, aunque tiene un corazón noble y no quiere fallarle a los que quiere, corre el riesgo de vivir la vida dando bandazos en función de los que otros quieren, y no a partir de lo que él mismo necesita.

Morris Bravo es Arnoldo Suárez

Su hogar es la calle, vive allí hace más de 15 años cuando conoce al joven Lucho y se convierte poco a poco en su mentor para salir adelante en ese medio hostil, en medio de la dureza y las dificultades que suponen hacerse una vida lejos de un hogar.

Antes de caer en la pobreza, Arnoldo era un hombre de clase media que después de una crisis económica y de pareja, no supo cómo afrontar el dolor y cayó en una profunda depresión. Poco a poco fue perdiendo todo lo material que tenía, se fue diluyendo de su vida, de sus vínculos emocionales, se alejó de la gente cercana, y terminó en la calle como último recurso para dejar todo atrás.

Con el paso del tiempo Arnoldo fue formando su carácter en la calle a base de una ética de lealtad que lo acompaña siempre. Aprendió a sobrevivir haciendo las cosas bien, sin robar a nadie, respetando a los demás y ayudando a quienes, como alguna vez le tocó a él, empiezan a vivir en la calle.

Así conoció a Lucho, y le enseñó que las cosas se ganan con esfuerzo, que nadie es más que nadie, y que la única manera de seguir adelante dignamente es ayudando, dejándose ayudar y respetando a los demás honestamente, llevando una vida alejada de los vicios y la delincuencia.