Desde hace algunos años París se ha convertido en la “ciudad colmena”. Una cruzada por preservar esta especie que tenía a la famosa catedral como uno de sus más seguros hogares, hasta hoy.

¿Llenar las ciudades de abejas? ¡¿Es que nadie piensa en los niños?! Pues resulta que sí, y no es ninguna locura, la implantación de colmenas en azoteas y jardines puede servir de gran ayuda tanto para las abejas como para las ciudades y los que las habitamos.

La apicultura urbana resulta ser un acercamiento reciente a una actividad agrícola ancestral, que en muchas ciudades punteras está creciendo notablemente, lo que hace pensar que la concienciación y el reencuentro con lo rural es cada día mayor.

Bogotá cuenta en la Universidad Javeriana con un pequeño apiario con el que están haciendo investigación sobre el tema.

Se puede considerar Londres como el referente mundial número uno de la apicultura urbana. La actividad viene desarrollándose desde finales del siglo XX, y no ha hecho más que crecer desde entonces, cada vez son más numerosas las asociaciones, los apicultores y las colmenas en esta ciudad. No obstante no es la única,  la acompañan ciudades como París, Chicago, Nueva York y muchas otras.

La Catedral de Notre Dame dio el primer paso

París ha visto un aumento notable en la apicultura urbana, con más de 1.000 colmenas en lo alto de los edificios emblemáticos y jardines comunitarios en toda la ciudad.

De hecho, los demonios que representan las gárgolas de la catedral de Notre Dame habían encontrado compañía en estos minúsculos animalitos.Diligentes enjambres de abejas poblaban algunas de las terrazas de la Catedral, y también se vieron afectadas por el voraz incendio que consumió, justo, la parte superior de este ícono de la historia y la cultura parisina.

El preocupante descenso de la población global de abejas —que cumplen la imprescindible función de polinizar las flores— ha sido la razón principal para impulsar la  iniciativa de tener colmenas en las azoteas de lugares emblemáticos, restaurantes, jardines y parques. Esta iniciativa también se ha tomado urbes como Londres o Nueva York. 

De acuerdo con el sitio oficial de la Catedral de Notre Dame, en la primavera de 2013 se formó una colmena en el techo de la sacristía, al borde del flanco sur del lugar. Esa colmena fue ofrecida por un apicultor llamado Nicolás Geant para asociar a la Catedral a la preservación de la biodiversidad dinámica y recordar ‘la belleza de la creación’.

Desde entonces, se fueron adecuando otras colmenas en las azoteas. El año pasado medios como The New York Times y El País de España, reportaron la existencia y cuidado de las colmenas en Notre Dame.

Los beneficios ambientales de las abejas están bien documentados. Son las responsables de la polinización de un tercio de los cultivos de alimentos del mundo.

Apiarios urbanos en Nueva York

Desde hace años se viene desarrollando la apicultura a nivel aficionado en Nueva York. La apicultura urbana representa una alternativa para obtener miel para autoconsumo además de ser un negocio redituable.

La apicultura urbana era ilegal en esa ciudad hasta el 2010 y quien fuera descubierto en esta actividad podía ser multado hasta con 2000 USD. Para el año 2013 existían más de 500 apiarios urbanos en Nueva York.

La Asociación de Apicultores de Nueva York fomenta esta actividad zootécnica por medio de cursos para aficionados. Los cursos tienen un costo aproximado de 200 dólares, los cuales se recuperan pronto al obtener alrededor de 54 kilos de miel al año por colmena.

Otras ciudades que entran en la onda

Las poblaciones de abejas están en una situación muy comprometida, en los últimos años se han visto drásticamente reducidas sin una causa identificada, aunque sí se sabe que hay una relación directa entre el uso de pesticidas, como los neocotinoides, y la desaparición de colonias. La apicultura puede combatir este problema además de poder aprovecharnos de numerosos beneficios:

Unas abejas más sanas. ¡A pesar de lo que podamos pensar en primera instancia vivir en las ciudades a las abejas les sienta bien! Dado que en la ciudad no se encuentran expuestas a estos pesticidas las abejas no sufren problemas de envenenamiento. Aunque el principal motivo por el que las abejas urbanas son más fuertes es por la alimentación, en las ciudades la variedad de plantas que requieren polinización es mucho mayor que en el campo debido a la proliferación de los monocultivos, y una dieta más variada implica un mayor surtido de nutrientes y, por qué no decirlo ¡una miel más rica!

Beneficios para nuestra salud. Es bien sabido que la miel es todo un súper alimento. Rico en múltiples vitaminas, antioxidantes, es una grandísima fuente de carbohidratos, etc. Se sabe además que la miel es una buena ayuda frente a las alergias, el colesterol…

Reconexión con la naturaleza. En las grandes ciudades sufrimos un trastorno de déficit de naturaleza, el hecho de tener abejas bajo nuestro cuidado nos hace estar en contacto no sólo con este insecto, sino también con el clima, las estaciones y las plantas que tanto dependen de las abejas y viceversa, sin olvidar lo mucho que las necesitamos los seres humanos.

Un empujón económico. Por poner un ejemplo de aprovechamiento del tirón de la apicultura urbana fijémonos en el Hotel Waldorf Astoria, de Nueva York. Al poco tiempo de apostar por la instalación de algunas colmenas en su azotea empezaron a recoger los frutos de esta práctica. Ofrecían a los clientes visitas guiadas a la azotea, incluían la miel en distintos platos de su menú, vendían de primera mano tarros de su propia miel… Fue una sorpresa para la gente del gremio ver como funcionaba este negocio de la miel de ciudad. ¿Por qué no podría hacerse lo mismo en restaurantes, hoteles, asociaciones de barrio e incluso comunidades de vecinos en ciudades españolas como Madrid o Barcelona?

Lamentablemente, además del miedo que tenemos a tener una abeja sobrevolando cerca de nuestras cabezas, es la legislación actual la que no permite llevar a cabo esta interesante actividad en las ciudades españolas, no obstante, se están realizando las primeras experiencias.

Esta actividad viene descrita en el Real Decreto 209/2002, de 22 de febrero, por el que se establecen normas de ordenación de las explotaciones apícolas. La población suele ir por delante de las leyes, puesto que esta norma sólo se regula la actividad apícola en el entorno rural y, por lo tanto, los requisitos, expuestos en el artículo 8, que deben cumplir los asentamientos hacen imposible desarrollar la apicultura en ninguna ciudad española. Los requisitos para asentar las colmenas son que tienen que colocarse al menos a 400 metros centros urbanos y núcleos de población; a 200 metros de carreteras nacionales; a 100 metros de viviendas rurales habitadas y otras instalaciones pecuarias; a 50 metros de carreteras comarcales; y a 25 metros de caminos vecinales.

Pero, si no es posible desarrollar esta actividad en la ciudad ¿cómo es posible que se estén desarrollando las primeras experiencias como exponíamos antes? Porque, por ejemplo, en la Comunidad de Madrid está vigente el Decreto 85/1985, que matiza el artículo en el que se exponen las distancias de las colmenas, además de que los ayuntamientos de los municipios de Madrid tienen competencias para ampliar o disminuir distancias por razones de interés.

En resumen, la apicultura urbana es una herramienta excelente para reivindicar una ciudad más sostenible, naturalizándola y recuperando la capacidad de producir alimentos,  lo cual es un pilar fundamental de la sostenibilidad, equilibrar la balanza en cuanto a producción y consumo.